Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo; y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? 1 Reyes 3:9, RVR60
¿Sabes qué han estudiado las mujeres líderes más importantes del mundo? La alemana Ángela Merkel tiene un doctorado en química. Michelle Bachelet, chilena, cursó una carrera en medicina antes de ser la primera presidente en su país. La inglesa Theresa May se especializó en geografía. Tsai Ing-wen, taiwanesa, logró un doctorado en derecho.
¿Y Salomón? Cuando llegó al trono, a los veinte años, se presentó sin ningún título universitario. Traía solo una credencial. Dice la Biblia que «amó a Jehová» (1 Reyes 3:3, RVR60). Esto lo llevó a ofrecer sacrificios a Dios y Él se apareció al joven rey con una oferta: «Pide lo que quieras que yo te dé» (v. 5, RVR60). ¿Qué hubiera pedido un líder político hoy día? ¿Riquezas o poderío militar?
Salomón pidió un corazón entendido, quizá porque comprendió que podía ser muy competente en otras materias, pero nadie puede ser un experto en las cosas de Dios. Y esto, agradó al Señor. El Todopoderoso le dio un corazón sabio como el de nadie más en la historia. Y porque Salomón pidió sabiduría, más que riquezas y gloria, Dios quiso concederle eso también.
Quizá tú tienes un título universitario, o tal vez no. En realidad, lo que necesitamos es un corazón entendido. Necesitamos llegar ante Dios con nuestra ignorancia y manos abiertas y decirle: «Ayúdame. No sé nada». Amar a Dios y aceptar nuestra ignorancia nos llevará a conocerlo mejor y recibir lo que Salomón: «una mente dispuesta a aprender».
Señor, dame un corazón entendido.
Tomado de mi participación en el devocional Un año con Dios en el Antiguo Testamento, editorial Origen.
