En 2007, fui a mi primer retiro para escritores. El primero en mi vida. Había ido a cursos para escritores, conferencias para escritores y encuentros de escritores, pero ese fin se semana fue un espacio para aprender, pero también para escribir.
Redacté en esos días: «Debo confesar que estoy intrigada. ¿Qué clase de personas irán a este retiro? Y concluyo: “Otros locos como yo”. Un escritor siempre tiene una historia que contar, así que supongo que no faltará tema de conversación en la mesa».
En esos días estaba a punto de tirar la toalla. Pensé que quizá la escritura no era para mí. No llegaba a los treinta años y tenía muy poco publicado, salvo en revistas. Pero no deseaba dejar mi pasión y amigos cercanos me animaron.
De regreso, apunté en mi diario que lo más hermoso en ese retiro había sido conocer a la maestra Elisabeth F. de Isáis. Y escribí:
¿Qué se necesita para ser un buen maestro?
1. Paciencia. No cabe duda que algunos somos más tercos o más lentos o más habladores o más indisciplinados, y el buen maestro no explota ni pierde los estribos, sino que con amor espera y motiva.
2. Pasión. El tema que tratan es apasionante para ellos y así lo transmiten. En nuestro caso, reconocimos la importancia de escribir correctamente.
3. Perseverancia. Nuestra maestra tiene una carrera y muchos años de servicio que la respaldan. Pero aún más, ha sido perseverante con nosotros, sus alumnos, algunos ya de varios años, siempre guiándonos y tendiéndonos la mano.
4. Poder. Sí, en un buen maestro se transmite el poder de Dios. El Señor fortaleció a nuestra maestra, a pesar de que la enfermedad la ha tenido en cama varios meses.
Gracias, querida maestra, porque eres para nosotros un ejemplo y una inspiración.
Agradezco infinitamente la vida de esta mujer de Dios que me enseñó a escribir, que creyó en mí y en mis primeras novelas, pero que sobre todo, oró por mí y fue más que mi mentora, una madre espiritual.
