El Señor llevará a cabo los planes que tiene para mi vida, pues tu fiel amor, oh Señor, permanece para siempre. No me abandones, porque tú me creaste. (Salmo 138:8) NTV
Esperaba con ansias el año 2000. Desde los 18 años hice toda una lista de planes que cumpliría para dicha fecha. Según yo, estaría casada, con uno o dos hijos. Tendría una carrera y trabajaría medio tiempo de secretaria bilingüe. Viviría en una casa bonita y poseería un auto. Tendría la familia ideal. A vísperas del 2000 contemplé mi vida. Veinticinco años. Soltera. Sin hijos. Daba clases en una primaria. Soñaba con escribir, pero nadie me tomaba en cuenta. No tenía casa propia, mucho menos auto.
Todas soñamos y tenemos planes para el futuro. A veces luchamos con todas nuestras fuerzas para conseguirlos, pero olvidamos que si no incluimos a Dios, las cosas van mal. Solo él sabe lo que es mejor para nosotras.
El propósito de Dios tiene una finalidad específica: cumplir el plan divino en nuestras vidas. Dios hará lo que sea necesario para manifestar su voluntad en nosotros. ¿Y cuál es su voluntad? Principalmente que seamos como su hijo Jesús. Cuando Jesús nos salvó, se comprometió a darnos vida eterna pero también a perfeccionarnos, y no se cansará hasta lograrlo. Pablo dijo en Filipenses 1:6: “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús”. (NVI)
Dios puso en nosotras talentos, capacidades y circunstancias que nos hacen únicas. Además nos compró con la sangre de Jesús, por lo tanto cumplirá sus planes en nosotras. Aquel año 2000 me desilusioné. Pensé que a Dios no le importaba, pero estaba muy equivocada. Era yo quien no lo tomaba en cuenta, así que volví a consagrarme a su servicio
El Señor ha trabajado en mi corazón; ha pulido mis actitudes; ha purificado mis intenciones. Muchos años han pasado. Pero estoy tranquila y cada plan lo entrego en sus manos (aún cuando es una lucha diaria con mi “yo”). ¿Por qué? Porque cumplirá su propósito en mí.
Tomado de mi participación en el devocional Isha, por Verbo Vivo.
