Pris y Aquila

Priscila:           ¿Dónde andabas?

Aquila:           Bajé al puerto. Han llegado más refugiados. ¿Crees que podemos hospedar a algunos?

Priscila:           Supongo que sí. Nosotros sabemos lo que es dejar todo lo que uno conoce por lo desconocido.

Aquila:           Sí, jamás olvidaré cuando tuvimos que salir de Roma por órdenes del emperador Claudio; todo por ser judíos.

Priscila:           Me alegra que encontráramos trabajo en Corinto.

Aquila:           Hubiera preferido Ponto (se ríe). Ahí nací. No fui de cuna noble y de la alta alcurnia como tú.

Priscila le da una palmada juguetona. Aquila revisa el cielo.

Priscila:           Bueno, pero ahora estamos en Éfeso.

Aquila:           Falta poco para abrir el negocio. En dos meses llegará muchísima gente para las fiestas, así que podremos vender bien. El ejército también nos ha pedido tiendas de cuero para su próxima campaña militar en Bretaña.

Priscila:           Habrá suficiente dinero entonces para apoyar el siguiente viaje de Pablo.

Aquila:           Por cierto, tenemos clase por la noche con Apolos.

Priscila:           Ha avanzado mucho en su entendimiento del bautismo del creyente. Es un gran orador.

Aquila:           Le tienes mucho cariño, ¿verdad?

Priscila:           Quizá es el hijo que no tuvimos. Así como Timoteo es el hijo de Pablo. ¿Quién diría que yo, una romana, educaría a un nativo de Alejandría? ¡Un egipcio!

Aquila:           Pero uno bien educado y versado en las Escrituras. No lo olvides. Ese joven será de gran ayuda para la cimentación de más iglesias. Así que no te encariñes mucho. Tarde o temprano se irá.

Priscila:           Todos tarde o temprano se van. Pablo. Lucas. Timoteo.

Aquila:           Pero no te preocupes, siempre tendrás a quién enseñar.

Priscila:           «Tendremos», querido.

Aquila:           ¡Ah no! A ti te tocan las mujeres. No lo olvides. En esos terrenos peligrosos no me meto.

Priscila:           Bueno, ya es hora de abrir el negocio y ver que todo marche bien en la casa porque mañana es reunión y la iglesia vendrá.

Aquila:           Yo bajaré al puerto para ofrecer hospedaje a algunos de los refugiados. ¿Crees que nos volvamos a mudar algún día?

Priscila:           Seguro que sí. Si algo he aprendido es que tenemos que estar dispuestos a ir a donde Dios nos mande para compartir el Evangelio.

Aquila:           Hacemos buen equipo, ¿no crees, Prisca?

Priscila:           Me parece que sí.

Leave a comment