Remar en pareja

Llegamos a un parque recreativo. Una de las actividades consistía en remar una balsa por un río subterráneo. Pero aprendí grandes lecciones en esta sencilla actividad:

1. No es fácil remar juntos. Requiere coordinación, tiempo y dedicación. Supongo que a parejas con más años les cuesta menos trabajo, ¿o más? ¿O se sentirán todos tan torpes como yo que hasta dudaba de cuál era mi izquierda y cuál mi derecha? Sobre todo, remar juntos requiere ceder. Doblegar la voluntad y ver por el bien común: avanzar por el río.

2. Existen tres rutas (por lo menos en este parque). La ruta corta, la ruta mediana y la ruta completa. A los dos minutos de remar, (y de atorarnos otros cinco en una encrucijada) optamos por la ruta corta, pero una vez en la desviación, decidimos ir por la larga. Supongo que a veces lo corto suena más atractivo, pero ¿cómo sabremos si remamos bien si desistimos tan temprano? Al final de cuentas, la ruta larga es mejor.

3. Hay una meta. A veces uno pierde los objetivos de vista. Quizá pudimos quedarnos en una de esas cavernas hechas por estalactitas por una hora o dos, pero de eso no se trataba el paseo. Supongo que en la vida existen tramos más cómodos, otros más complicados que deseamos evadir. Pero a final de cuentas existe una meta para cada familia. Lo importante es alcanzarla. No estamos aquí para “estancarnos” sino para seguir adelante.

Gracias por el ejercicio, las discusiones, los acuerdos y la meta cumplida. Hoy, seguimos remando juntos y eso es lo que importa.

(Por cierto, descubrí que tengo menos fuerza en el brazo izquierdo. Habrá que hacer algo al respecto).

 

Leave a comment