Mamá de Instagram

Imagino que si Sara, la esposa de Abraham, hubiera tenido Instagram, lo habría plagado de las fotos del bebé Isaac. Después de tantos años en espera, habría capturado cada sonrisa, cada gesto y cada logro. 

Sin embargo, el texto bíblico resume la infancia de Isaac de este modo: nació, luego cuando ya era grande… Por el contrario, las escenas que la Biblia menciona de Sara, seguramente no pasarían la prueba de las redes sociales. Dudo que la misma Sara las hubiera elegido para su perfil: su duro trato contra Agar, sus quejas ante Abraham, la risa incrédula cuando el visitante dijo que sería madre.

Reflexiono al examinar mi propia vida y mi relación con las redes sociales. Por una parte, yo también registro los pequeños detalles que quizá en mi currículo vitae no importen tanto. Pero no ventilo mis peleas domésticas, ni mis días malos, ni mis pecados. 

No estoy proponiendo que agreguemos los sinsabores de la vida en nuestras redes. Sino que, cuando seamos tentados a envidiar a los otros o comparar nuestras vidas con las de los demás, recordemos que no nos están contando «toda» la historia, así como nosotros tampoco lo hacemos. 

Y me invito a no perder la costumbre de llevar un diario personal donde pueda compartir mis luchas, mis desaciertos y mis derrotas, porque quizá un día, así como la vida de Sara me inspira —precisamente por sus fallas y su fe—, pueda yo ser de ánimo a otros. 

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