Una pareja de Singapur

Son como una pareja de novios y yo los admiro; han avivado en mí el anhelo por un compañero de vida. Él perdió a su primera esposa por cáncer de pulmón. Se volvió a casar y no funcionó; hubo divorcio. Como pastor evangélico (líder en su iglesia), perdió gran parte de su trabajo y recibió grandes críticas; se hundió en depresión.

Pero se sometió a las reglas impuestas por su iglesia (disciplina), y sacó adelante a sus dos hijos varones. Poco a poco se levantó, volviéndose en el proceso un hombre más compasivo y de ejemplo loable. Cuatro años atrás (si recuerdo correctamente), se topó con una editora para su nuevo libro. Ella, una reciente viuda con dos hijos varones de la misma edad.

Paso a paso por el libro, llegaron al altar. Hoy son una pareja hermosa. Se roban miradas, se toman de la mano, se apoyan en sus proyectos y se respetan con la madurez de sus años. Ella luce serena y derrama cariño y dulzura; él observa la vida y la comenta en poderosos escritos. En sus pupilas se lee un alma herida, pero por lo tanto más compasiva y profunda.

Trabajan y sirven en Singapur. Yo los observo y me dejo mimar por ellos. Con ella me voy de compras al mercado nocturno; con él compartimos libros y lecturas. Reconocemos en el otro un espíritu afín y disfruto su compañía. Cuando los conocí, anhelé encontrar un compañero con el cual compartir mi vida.

Lo conocí, me casé y luego le presenté a mi esposo a esta increíble pareja: una dulce reunión.

Leave a comment