“Hondo, muy hondo,
dentro del cuerpo habita el alma.
Nadie la ha visto nunca
pero todos saben que existe.
Y no solo saben que existe,
saben también lo que hay en su interior”. [i]
Estas palabras aparecen en el libro “El Pájaro del Alma” de la escritora y periodista Mijal Snunit, nacida en Israel en 1940. Snunit escribe este libro para niños que es bellamente ilustrado por Francisco Nava Bouchaín.
A través de breves párrafos Snunit explica que dentro del alma está el Pájaro del Alma que siente todo lo que sentimos. Este Pájaro está hecho de cajones y cajones, cada uno cerrado por una llave especial, y el Pájaro del Alma es el único que puede abrirlos.
Snunit enumera una serie de emociones que todos experimentamos tarde o temprano: gozo y tristeza, esperanza y desesperación, paciencia e impaciencia, enojo y odio.
El libro llamó mi atención desde el principio por su temática. Recién había adquirido otro título para mi hijo, ilustrado y escrito por Anthony Browne, uno de los autores favoritos en casa. Anthony Browne usa a su personaje principal, Willie, para describir cómo nos sentimos. Mi hijo, de dos años de edad, puede leerme el cuento de memoria y decir: “A veces me siento solo… me siento culpable… me siento hambriento…”[ii]
¿Y por qué es tan importante que desde pequeños los niños identifiquen sus emociones? ¿Por qué deben conocer al Pájaro del Alma? Siempre he sospechado de las emociones. Me han hecho tomar malas decisiones o me han durado poco cuando he tratado que permanezcan más tiempo en mi pecho.
Pero las emociones son tan reales como la vida misma. El hambre, el enojo y la tranquilidad son tan ciertas como el sol que sale por la mañana. De hecho, la Biblia no las encubre, sino que las muestra en toda su totalidad en uno de sus libros más extensos.
Los Salmos en la Biblia muestran el alma en desnudez total. Más que ser un recetario para el alma: “Si está triste, lea el salmo 23. Si está contento, lea el salmo 8”, los salmos a veces nos parecen repetitivos, en otras nos provocan desconcierto. Exigen venganza, claman por justicia, ríen con los alegres, lloran y piden la muerte. Philip Yancey acierta al sugerir que los salmos se deben leer como alguien que “lee por encima del hombro”. [iii]
Los salmos, en pocas palabras, liberan al Pájaro del Alma y abren los cajones escondidos, aún los más ocultos. Los salmos nos recuerdan que hay cajones que uno no desea abrir pero que surgen en los momentos más inapropiados. Pero lo hermoso de los salmos está en que Dios no se sorprende. No arquea las cejas con desconcierto ni titubea cuando el hombre habla con el Pájaro del Alma: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí?”[iv]
Snunit concluye que debemos escuchar al Pájaro del Alma, sobre todo por la noche, cuando todo está en silencio. Los salmos nos recomiendan lo mismo. En la soledad, ya sea de madrugada o cuando otros ya duermen, podemos conversar con el Pájaro del Alma y tratar de encontrar qué ocultan los cajones.
Pero la diferencia entre los salmos y el libro de Snunit radica en qué vamos a hacer una vez que el Pájaro del Alma nos muestre lo que ha sacado del cajón. Los salmos exponen la crudeza de las emociones al que los recita, pero también a Dios. No hay salmo que no se dirija, directa o indirectamente, a Dios mismo.
En este siglo de indiferencia e incredulidad, de rechazo a las religiones y a la espiritualidad, preferimos creer que el centro del universo somos nosotros mismos. Pero cuando se libera al Pájaro del Alma este vuela sin rumbo y corre el riesgo de perderse y golpearse, de morir atrapado por redes desconocidas que buscan destruirlo.
Sin embargo Dios ha creado el Pájaro del Alma. Conoce las emociones y sabe cuándo se han convertido en algo más que la válvula de escape que impide que la olla Express explote. Él no tiene miedo de llamar a algunas emociones pecado. No le inquieta. No le incomoda. Debe señalarlas como lo que son para después ofrecer el remedio: el perdón. Pero para que nosotros mismos las veamos en su realidad, deben salir.
“Cuando callé…” dice un salmista. ¿Qué sucedió cuando escondió al Pájaro del Alma? Envejeció, se enfermó, se debilitó. Quizá por eso hoy día los centros de salud están más que llenos. Por eso los psicólogos ganan millones atendiendo a personas que han acallado, que han escondido, que han aplastado al Pájaro del Alma. Pero ningún doctor puede devolverle su lugar. Ningún médico puede ubicarlo. Solo Dios puede transformar el llanto en alegría, y el lamento en danza. Solo Dios puede calmar la culpa y satisfacer el hambre. Solo Dios puede cubrir la soledad y sofocar la envidia. Solo Dios puede usar la tristeza como un sendero hacia el centro del corazón donde Él mismo habita.
Escuchemos al Pájaro del Alma, pero como dice el salmista, que se inicie una conversación placentera. “Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo».
Y mi corazón responde: «Aquí vengo, Señor».[v]
[i] Snunit, Mija. El Pájaro del Alma. Fondo de Cultura Económica: 1993.
[ii] Browne, Anthony. ¿Cómo te sientes? Fondo de Cultura Económica: 2012.
[iii] Yancey, Philip. La Biblia que leyó Jesús. Editorial Vida: 2003.
[iv] Salmo 42:11, Santa Biblia, Reina Valera 1960.
[v] Salmo 27:8, Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente.
