La razón de su cansancio

Por Keila Ochoa Harris

«Jean estaba cansada». Así comienza el cuento/parábola de la pluma del sacerdote James J. Kavanaugh; historia que me hizo pensar y reflexionar sobre mi propia vida.

Jean y Bill comenzaron el viaje para seguir la estrella y llegar al Niño a través del desierto, que al principio se veía vasto e inmenso en su grandeza. Sus hijos, sin embargo, con sus quejas y demandas podían hacer que olvidaras todo sobre la estrella. Además, esta brillaba solo de noche, así que durante el día, la locura de las actividades confundía.

Por otro lado, cada vez que llegaban a un oasis, añoraban lo que habían dejado: unas vidas aparentemente placenteras y tranquilas como las del resto. Muchas veces pensaron que lo mejor sería dejar de seguir la estrella, sobre todo cuando había tantas otras luces alrededor.

Finalmente, un día decidieron quedarse en un oasis y vivir como los demás. Por las noches, alrededor de la fogata, escucharon historias que se burlaban del matrimonio y se envolvieron por las palabras que anunciaban que el impulso suplantaba la razón.

El día que Jean se dio cuenta que ella y Bill ya no tenían nada importante que susurrar por las noches antes dormir, o que lo mismo daba chismear de sus amigas que reír con ellas, cuando palpó que el trabajo la dejaba exhausta y que no lograba relajarse, cuando las canas y las arrugas ya no eran las marcas del desierto, sino algo de qué avergonzarse, cuando miró de reojo la estrella titilante, lloró.

Al otro día, Jean y Bill se cubrieron con sus ropas beduinas y montaron los camellos. Y salieron, como tiempo atrás, para seguir la ruta de la estrella, pues ahí encontrarían al Niño infante que esperaba para decirles la razón de su cansancio.

Yo también estoy cansada. Muchos días siento que no puedo más. ¿Será que estoy desviándome de la ruta del desierto? «Niño Rey, dime la razón de mi cansancio».

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