Tiempo de reconstruir

Por Keila Ochoa Harris

Tiempo de reconstruir

¡Reconstruyamos la muralla de Jerusalén y pongamos fin a esta desgracia! Nehemías 2:17 (NTV)

El Adviento marca una serie de domingos en que muchas iglesias cristianas recuerdan la venida del Redentor. Cada semana se enciende una vela que representa una virtud: el amor, la paz, la esperanza y la fe. Culmina, obviamente, el día de Navidad en que la espera termina y recordamos que el Salvador del mundo ha llegado.

Nehemías había experimentado un tipo de aviento, o tiempo de espera. El pueblo de Israel había vuelto a Jerusalén, pero las murallas seguían derribadas. En otras palabras, continuaban indefensos. Nehemías se preocupa y ora al Señor. No solo se angustia, sino que está dispuesto a ser parte de la solución.

Regresa así a Jerusalén, con la venia del rey Artajerjes, e inspecciona la muralla. Entonces propone al pueblo a unirse y reconstruir la muralla. De ellos depende que la ciudad se encuentre nuevamente a salvo de los enemigos, y esto nos puede sonar a que la obra no se lleva a cabo sin manos humanas, pero más bien se refiere al libre albedrío que todos tenemos.

Podemos celebrar la Navidad, pero realmente no comprender su importancia. No se trata de que nosotras reconstruyamos el muro de nuestras vidas, sino que acudamos en humildad ante el pesebre en Belén y le confiemos nuestra vida a Dios. Entonces, y solo entonces, podremos ser parte de la obra de Dios en el mundo y ser útiles a los demás. Como Nehemías dijo: «El Dios del cielo nos ayudará a tener éxito» (Nehemías 2:20, NTV). A nosotros solo nos toca decir sí.

Señor, gracias porque por medio de tu nacimiento comenzaste la obra de reconstrucción en mi vida.

Tomado de: Un año en el Antiguo Testamento, editorial Origen.

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