En 1987, el jefe editorial de Martin Handford le pidió que hiciera un libro con multitudes muy detalladas como si fueran paisajes. Martin accedió, pero un compañero le sugirió que, para que no fueran tan monótonas las ilustraciones, pusiera un personaje que apareciera en cada una de ellas.
Así nació Wally: flaco, alto, con lentes, cabello castaño, pantalón azul, suéter y gorros rayados de blanco y rojo. Ahora la franquicia tiene siete libros principales, 17 alternativos y una caricatura.
Su creador, Martin Handford es delgado y de cabello castaño oscuro, usa lentes, y si le pusiéramos la misma ropa, ¡tendríamos a Wally! Pareciera que él, como autor, se esconde en cada una de sus escenas. Solo es cuestión de encontrarlo.
A veces me parece que lo mismo debemos hacer con Dios. Él, nuestro Creador y diseñador, está presente en todo lugar, en todo tiempo, pero con mucha facilidad lo perdemos de vista entre el ruido, el bullicio y la muchedumbre que nos rodean.
Quizá debamos cultivar la disciplina espiritual de la contemplación. Cuando quieres encontrar a Wally, debes enfocarte en la página frente a ti y observar con atención.
En la contemplación debes tomar tiempo para realmente ver la vida. Se necesita sensibilidad y obediencia a la revelación de Dios, así como la capacidad de saborear la naturaleza de la vida y la fe.
En la contemplación aprendemos a ser más pacientes y nos damos cuenta de que, en ocasiones, contemplar es más importante que la productividad.
En palabras bíblicas, contemplar es «poner la mira en las cosas de arriba», «buscar las cosas del cielo» o «poner la mira en las verdades del cielo». ¿Y cómo se practica? Puedes leer libros y libros sobre el tema, pero yo te propongo uno de los métodos más sencillos.
Cuando estés estresada, cansada, agotada, nerviosa, aburrida, toma un momento y concéntrate y trata de encontrar a Dios, como si estuvieras buscando a Wally. Quizá lo puedas encontrar en una flor, en una palabra de aliento, en la sonrisa de un niño o en una sencilla oración. Respira hondo, muy hondo y deja escapar el aire, y mientras lo haces, piensa en las cosas del cielo, las que durarán para siempre.
La contemplación, como otras disciplinas espirituales, no se debe practicar sin la compañía de las otras disciplinas. Puedes practicarla mientras oras o estudias la Biblia, mientras sirves a los demás o alabas a Dios. Lo importante es recordar que Dios no está solamente «allá arriba», dibujando la escena de tu vida, sino que también está contigo en medio de tu caótico mundo, y si abres los ojos y contemplas tus alrededores, ¡seguramente lo encontrarás!
Publicado en Esencia, Milamex.
